5 de febrero de 2013

La ladrona de sonrisas




Había una vez una ladrona, una ladrona de sonrisas. Pero también era la inesperada y misteriosa cartera que las regalaba y repartía por todo el mundo.
Poder arrancar una sonrisa, incluso a la alma más triste y desolada, era por eso por lo que ella vivía. Otros vivían por dinero, fama, lujuria... ella, por dar y recibir sonrisas. Por felicidad.
Sonreír era picar a la puerta de la felicidad. No le importaba cuántas veces tuviera que picar, ella sabía que antes o después, esa puerta siempre se abriría. Y entonces el mundo se iluminaba.
Su reto era buscar a la persona más difícil de hacer sonreír y conseguir robársela. Esa sería la sonrisa más preciada.
Un día nublado, la encontró. Y le costó toda su fuerza, robar esa sonrisa. Y entonces ella se apagó. Pero no le importaba, porque acababa de iluminar otra estrella. Ella desaparecía, pero nacía otra en su lugar. Allí mismo.
Nunca desaparecía nada, todo se transformaba.
Murió sonriendo. Y nació en el cielo. Brillando más que cualquiera.
La sonrisa fue su razón por vivir y morir. Así debía ser.

3 comentarios:

Las Mejores Cosas Al Amanecer dijo...

Preciosísimo! Me encantaría ser una vendedora de sonrisas:)

Joana

Primula dijo...

(En respuesta a tu comentario) Hola Lyla! Yo tampoco sé como descubriste mi blog pero quiero darte las gracias por hacerlo y comentar ;) Yo tampoco tengo mucho tiempo para los bloggs pero es una de mis aficiones así que siempre encuentro algun momento... Y dentro de esos momentos voy a visitar y comentar más tu blog :) ¡Me encanta! Bueno, mejor corto el rollo... Nos leemos ;)

Maria ||*|| dijo...

Tus textos son muy bonitos, me encantan y tu blog aún más.
Gràcies per continuar escrivint!

Maria